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Foro de Cristianos

Gaspar G. Laviana

 

FORO "GASPAR GARCÍA LAVIANA"

 

DOCUMENTOS NUESTROS

 

 

 

 

 

 

DOCUMENTO 3

 

 

A propósito de la

Consagración de Asturias a la  Santina

 

 

La Iglesia, sobre todo en los últimos tiempos, suele ser proclive a las manifestaciones multitudinarias. Las grandes concentraciones favorecen y estimulan la común sintonía de los creyentes.

 

      Es posible que sobre la multitud enfervorizada aletee el Espíritu, llenando de entusiasmo el corazón de los adeptos. Es impresionante la concentración de miles de cristianos en torno a la figura del Papa de turno en sus viajes apostólicos.

 

      Las masivas consagraciones al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen María pueden ser exponente legítimo de una religiosidad verdadera, pero pienso que, después de la fiesta y de la euforia, pasada la resaca del entusiasmo, cuando la explanada, repleta del olor de multitudes, quede vacía, se impone honestamente, hacer recuento de lo que queda y permanece.

 

      En primer lugar, a la hora de evangelizar- que de eso se trata- debemos tener en cuenta la situación actual en la que vivimos. No podemos seguir creyendo que toda la sociedad es católica, que en el mundo hay sólo cristianos. Vivimos en una sociedad pluralista y laica. Volver con nostalgia hacia un nacional catolicismo sería escoger un camino de evangelización equivocado.

 

      Puede suceder que, cuando en nuestras actuaciones pastorales hacemos referencia a toda Asturias, a toda España, a todo el mundo, es posible que haya personas que se sientan ofendidas, por ser incluidas, sin su consentimiento, en nuestros esquemas religiosos, que no son los suyos.

 

      Debemos aprender a vivir en minoría. Somos fermento, semilla, levadura, sal. Dejamos atrás un mundo viejo y no acaba de llegar un mundo nuevo y debemos saber que todo tiempo de transición se caracteriza por su inmadurez y contradicción. Ante el cambio de nuevos modos sociales, ante las nuevas culturas, los nuevos valores y normas, la Iglesia debe presentarse, como San Pablo a los Corintios, “débil y temerosa”.

 

      Hay que volver al encuentro de los espacios de reflexión, de oración, de análisis, de contactos permanentes con personas, con grupos, con movimientos. Debemos pararnos para escuchar lo que nos dice la gente. Hay que profundizar en la realidad en la que vivimos, que está ahí, esperando el testimonio de nuestra fe.

 

      Si todo se reduce a sacar pecho, a agitar banderas, a fletar autobuses, a concentraciones masivas y consagraciones generales, corremos el riesgo de intentar evangelizar con muchos medios, pero con pocos contenidos.

 

                     Foro Gaspar García Laviana

 

 

 

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DOCUMENTO 4

 

Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Manuel Monteiro de Castro

Nuncio Apostólico de S.S. en España

Avenida Pío XII 46

28016 MADRID

 

Excelentísimo y Reverendísimo Señor:

 

           Somos un grupo de veintiséis sacerdotes asturianos, que nos hemos constituido en Foro Gaspar García Laviana, en recuerdo y gratitud de este misionero asturiano.

Ante el inminente nombramiento de un Arzobispo para Oviedo, respetuosamente nos dirigimos a V. E., con la conciencia y el deseo de prestar una colaboración leal y responsable a la Iglesia, a nuestra diócesis y a su persona, en la difícil y delicada tarea de elegir un Pastor que responda a la situación eclesial que vive en este momento esta comunidad diocesana  y que tenga en cuenta las características singulares por su trayectoria social e  histórica.

 

El Principado de Asturias,- cuyos límites coinciden con la Archidiócesis de Oviedo-, es una autonomía uniprovincial con personalidad propia por historia y con rico patrimonio social, cultural y espiritual, que ha pasado de ser una de las primeras provincias españolas en el ranking del Producto Interior Bruto en los años sesenta del pasado siglo, a ocupar uno de los últimos lugares en la actualidad, debido al desmantelamiento industrial de la minería del carbón, de la siderurgia y de la construcción naval, así como al abandono mayoritario de las explotaciones agropecuarias y de la pesca, -siguiendo las directrices de la Unión Europea-, sin que se haya afrontado  el grave problema de la reconversión industrial.

Tenemos una de las tasas de desempleo más altas de España, que afectan sobre todo a la juventud y a la mujer en particular, con lo que hemos pasado de ser una comunidad de inmigración a comunidad de emigración.

Todos estos factores se reflejan en la natalidad,- la segunda más baja de todas las comunidades autónomas de España-, en el envejecimiento de la población, en el creciente abandono de muchos pueblos rurales y en el acelerado movimiento demográfico que está causando la concentración de la población en la que ya llaman “área metropolitana” en el centro de Asturias. Casi el 70% de la población vive en el triángulo formado por las ciudades de Oviedo, Gijón y Avilés.

 

No podemos detenernos en analizar todos los problemas sociales que afectan a esta comunidad autónoma y, por ello, también a la Iglesia que vive en este lugar. Pero sí podemos manifestarle que ha sido una característica de esta Iglesia el tomar parte en la clarificación de estas situaciones, que afectan a la vida y a la fe de las personas,  con los valores del Evangelio y aportando su doctrina social.

 

Se ha hecho siempre de una forma comprometida e independiente, logrando una imagen y valoración de la Iglesia muy distinta a la de tiempos pasados.

 

Debemos manifestarle que, en estos últimos años, se echa de menos esa palabra y ese juicio cristiano que emana de la entraña del Evangelio sobre las situaciones sociales y la vida real de las personas. Para nosotros ha sido una sorpresa desconcertante la supresión del Secretario Social Diocesano y el desvalimiento y desinterés apostólico de este campo difícil, pero necesario.

A lado del silencio de la Iglesia ante la crisis actual, está la escasa atención a la pastoral obrera,- con la desaparición del Secretariado Social y de la Escuela Social-, y la alarmante situación de las misiones diocesanas, que tanta vitalidad han aportado y podrían seguir aportando a la diócesis.

Además de todo esto, se da una tendencia uniforme a una línea de pastoral determinada, impidiendo el sano pluralismo.

Sin lugar a ninguna duda, el problema que vemos más preocupante es la situación que estamos viviendo los sacerdotes. Creemos que debiera ser la primera preocupación del nuevo arzobispo.

No es el momento de analizar las causas, sino de resaltar el hecho. Está muy debilitada la unidad del presbiterio diocesano y nos paraliza un desinterés por la falta de iniciativas pastorales que respondan a la situación eclesial que se está viviendo. Nos parece que necesita una honda reflexión y un mayor compromiso en el testimonio de la fe y en buscar nuevos modos de transmitirla en la nueva cultura.

A pesar de esto, los que aún están en activo, gracias a Dios, siguen siendo responsables de las parroquias y trabajan con celo en la parcela encomendada. Pero muchos de ellos han caído en la falta de entusiasmo y en la indiferencia hacia todo lo diocesano o de pastoral de conjunto, porque nos parece abstracto, lejano y de mirar para el pasado.

Bastantes sacerdotes de mediana edad y mayores,- que son los más del presbiterio-, tienen la sensación de contar poco, de no ser valorados, de que su trabajo y experiencia no cuenta. Por lo que se ha primado en esta última etapa, tienen la impresión de que su trabajo pastoral ha sido equivocado, cuando debe reconocerse que son los que están llevando esa atención callada, entregada, sacrificada en la mayor parte de las parroquias de la diócesis.

Nos preocupa la situación de las parroquias y su forma de atención pastoral por el cambio demográfico y la edad y disminución de los sacerdotes. Es algo que debía haberse abordado hace tiempo, pero está descuidado. De las más de novecientas parroquias de la diócesis, la mayoría son rurales y están desasistidas,- dado que un solo sacerdote tiene a su cargo doce, quince y hasta dieciocho-, en contraposición a la amplitud de la Curia diocesana, a la liberación de cargos y a la designación de sacerdotes para instituciones que no necesitan tantos.

 

Con sinceridad y ánimo de colaboración le exponemos nuestro parecer y le aportamos nuestras sugerencias.

 

         Necesitamos un Arzobispo:

 

1º. Que tenga como primera preocupación el restañar la unidad y la fraternidad del presbiterio diocesano, valorando a todos, tratándoles como hermanos y colaboradores, escuchando y haciéndoles partícipes de las iniciativas pastorales, respetando y acogiendo su diversidad, estando atento a sus necesidades, abierto al diálogo franco y sincero.

No hay mejor definición que la del Evangelio: ¡que sea un buen pastor! El Concilio dice que “los obispos, por su parte, han de considerar a sus colaboradores como hijos y amigos, lo mismo que Cristo a sus discípulos ya no los llama siervos, sino amigos” (L.G.28).

Contra lo que se pueda insinuar, el clero de Asturias es noble, trabajador, sacrificado, con amor a la Iglesia; y valora la misión del obispo y acoge a su persona, si se manifiesta como pastor cercano y hermano de verdad.

 

2º Que venga con entusiasmo y con deseos de conocer antes la diócesis, el trabajo pastoral que se venía realizando; que llame a la participación y la valore y la tenga en cuenta.

Que nos anime a buscar juntos nuevos caminos de evangelización y transmisión de la fe. Que mire más al futuro que al pasado. Que crea en el trabajo paciente y no en eventos espectaculares.

 

3º Que manifieste sensibilidad social, que no huya de la vida real, que sea conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia, que sea independiente de todo poder, que sepa presentar con realismo la levadura humanizadora del Evangelio, que se atreva a pronunciarse en nombre de la Iglesia cuando los hechos lo requieran, que sepa despertar en los cristianos el compromiso para la vida pública.

Que entienda que la Iglesia de Asturias tiene esta característica en los genes de su historia. Una persona ajena o con miedo a esta sensibilidad, sería vista como extraña y lejana a esta diócesis.

 

 

         Reiteramos que, con esta exposición, queremos expresar nuestros sentimientos de responsabilidad y colaboración eclesiales, siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II, que manda a los obispos escuchar de buena gana a los sacerdotes, dialogar y consultar sobre  las necesidades del trabajo pastoral y el bien de la diócesis.

 

 

         Reciba un saludo atento y cordial de sus hermanos en Cristo

 

RESPUESTA DEL NUNCIO

 

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Vicente Ferrer, uno de los nuestros

 

Causa sorpresa la postura silenciosa de la Iglesia oficial, con  motivo de la muerte de Vicente Ferrer, cuando el mundo multicolor y diferente despedía, con gratitud y emoción, al benefactor y humanitario misionero.

              Pensamos que esta ausencia injustificada ante la pérdida de un hombre íntegro, cristiano excepcional, que hizo de su vida entrega y lucha contra la pobreza en el mundo, contrasta con la admiración general de cientos de miles de personas que se vieron favorecidas por las obras de los servicios sociales de Vicente Ferrer en la tierra más pobre de la zona, en Anantapur: granjas agrícolas, excavación de más de cuatro mil pozos, cooperativas, residencias, hospitales.

              Vicente Ferrer nace el día 5 de mayo de 1920 en Barcelona. A los 24 años ingresa en la Compañía de Jesús, de la que se separa, por dificultades de entendimiento en el mes de marzo de 1970. Ese mismo año contrajo matrimonio con  Anne, periodista inglesa, con la que tuvo tres hijos.

              Vicente Ferrer fue premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1998, español universal, personaje destacado de la historia del siglo XX por La UNESCO en 2001.

              Cuando hoy, dentro y fuera de la Iglesia, se escuchan tantas palabras vacías, pronunciadas a destiempo, cargadas de falsas alabanzas, nosotros, cristianos, alzamos la voz en recuerdo y gratitud de Vicente Ferrer, uno de los nuestros, figura insigne de atención a los pobres, apóstol de la casta inferior de la sociedad hindú, de los intocables y valoramos su esfuerzo y el de tantos otros y de otras, que como él, tomaron muy en serio la causa de Jesús.

 

Foro Gaspar García Laviana


 

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MANIFIESTO DE LOS ASISTENTES AL ANIVERSARIO DE L A MUERTE DE GASPAR GARCÍA LAVIANA, 11 DE DICIEMBRE DE 1978, CELEBRADO EN JOVE, GIJÓN EL 12 DE NOVIEMBRE DE 2011.

 

1.- Hacemos memoria de la muerte de Gaspar porque queremos mantener vivo su testimonio de entrega a la causa de los más pobres de Nicaragua, ejemplo que debiéramos seguir allí donde cada cual viva su vida. Aprovechamos este encuentro para decir como colectivo a la opinión pública cuatro cosas.

 2.- Todos sabemos que el principal problema hoy de muchos de nuestros hermanos es que no tienen trabajo. Al cabo de cierto tiempo, si no reciben ayuda, no podrán satisfacer sus necesidades fundamentales. Bajo ningún pretexto el Estado puede soslayar la obligación social de proteger a los afectados por esta dura crisis. En estos momentos ser solidarios, ayudar al necesitado, es para todos una exigencia ineludible.  Cada uno habrá de ver cómo hacerlo.

 3.- Nosotros también pensamos, como otros muchos, que en la raíz de este problema y de la situación de pobreza que vive tantísima gente en todo el mundo está el sistema económico capitalista y el neoliberalismo ideológico que lo sustenta. Tiene que ser superado este sistema que empobrece a la mayoría para enriquecer a una minoría. Esta situación es injusta. Estamos al lado de todos aquellos que muestran su disconformidad con el sistema.

 4.-  Es urgente hacer nuevas leyes que regulen el mercado del dinero. Parece que el sistema financiero es quien nos ha llevado a esta situación de empobrecimiento. No puede ser que el criterio para tomar decisiones económicas que afectan a la vida de la gente en todo el mundo sea el conseguir el máximo beneficio en el tiempo más  corto.

 5.- No pueden existir paraísos fiscales, siempre a disposición de los más ricos para evadir sus dineros y evitar pagar impuestos. Hay que luchar decididamente contra el fraude fiscal, la economía sumergida, las horas extras, tener más de un trabajo... Para que el Estado no tenga más déficit del necesario hay ese otro camino de ingresar más. Los reajustes hay que hacerlos en los gastos superfluos, o menos necesarios, y no en las ayudas a los más débiles.

6.- La Iglesia Católica, y también nosotros, en este momento debemos hacer un especial esfuerzo de ayuda a los más necesitados.