EL PROFETISMO LAICO.
¿Dónde están los profetas de nuestra Iglesia Católica, que dice engarzar su Tradición con aquellos impresionantes portadores de la Palabra de Dios: Isaías, Jeremías, Amos...? ¿Dónde el profetismo que denuncie y fustigue a los causantes de tantos males y sufrimientos de hoy? El profeta era el ojo y el oído de Dios: veían las injusticias que cometían los poderos con los humildes, y oían el clamor de los pobres. Eran luego la palabra de Dios, a quien pedían justicia y paz para los ultrajados y comunicaban, como respuesta de lo alto, la sentencia divina condenatoria. Pero, sobre todo, los profetas eran el corazón de Dios: sensible y dolorido al ver la penosa realidad social que afectaba a los marginados: enfermos, disminuidos, viudas... Su palabra era clara y no sibilina, era contundente y sin remilgos.
En nuestras penosas circunstancias son muchos los que se preguntan dónde están hoy los profetas. En principio quienes dicen poseer la plenitud de la funciones de Cristo debieran ejercer la profética, igual que ejercen la sacerdotal o la de gobierno. Los obispos y demás, hacia arriba y hacia abajo. Pero el carisma profético lo tienen secuestrado. ¿En qué mundo es en el que viven? ¿Son sólo sagrado poder de gobierno o sacerdotes que presiden ampulosas ceremonias religiosas? Ellos, que se sienten plenipotenciarios de la figura de Jesucristo, que son el factótum en nuestras iglesias locales... ¿por qué descuidan la función profética? Asumen el sacerdocio cultual, del que pasó totalmente Jesús de Nazaret, y olvidan al profeta que el mismo Señor hizo carisma identificativo de su personalidad. Parece que, lamentablemente, ni oyen, ni ven, ni sienten, ni padecen. Han perdido la palabra, la profética, pues hablar sí hablan, pero en general sus palabras suenan a música celestial. Los profetas empleaban un leguaje llano, directo. ¿No tienen nada que decirles a los miles y miles de parados? ¿No tienen nada que decirles a quienes han causado esta situación? ¿No tienen nada que decirles a los que son expulsados de sus casas por no poder afrontar la hipoteca? ¿Y nada que decir a los banqueros que mandan ejecutar los “desahucios”? ¿Nada que decir del empobrecimiento de los más pobres y del enriquecimiento de los más ricos? ¿Nada tienen que decir del fraude fiscal, de los paraísos fiscales...? ¿Nada que decir de las fabulosas cantidades que al irse reciben los altos ejecutivos que se han hecho así mismos contratos blindados? ¿No hay que defender también la vida de los nacidos y empobrecidos exigiendo, responsabilidades a los productores de tales fechorías? Difícilmente lo van a hacer, pues es posible que algunos sean los mismos a quienes pidieron dinero para los gastos de la JMJ y otros varios.
Como otras veces, la palabra profética, hoy, quizás esté más bien fuera o al margen de la religión institucionalizada. Aquellos profetas nada o poco tenían que ver con la realeza, ni con los sacerdotes, ni con el templo. Estaban lejos del poder. Dios se las arregla siempre para salir en defensa de los pobres. Sí también hoy escuchamos voces de profetas. Pero son profetas laicos, cuya palabra la podemos oír o leer en la prensa o en revistas, on line, televisión, conferencias... Reflexiones que nos abren los ojos, que nos enseñan a analizar y descubrir lo que hay detrás de los acontecimientos tan dolorosos que nos han tocado vivir. Nos ayudan a ver la realidad, a desenmascararla y a enjuiciarla, incluso a contestarla. Así considero yo el artículo de Isaac Rosa en Público, 15 de enero de 2012. Menciona a Matt Taibbi, que, tal como dice en su libro CLEPTOPÍA, nos hace ver que el verdadero nombre de lo que se llama crisis es estafa, que el problema no es financiero sino criminal, porque hemos sido robados. Los que nos han llevado a esta situación son unos delincuentes que la policía tiene que poner ante los tribunales. Para M. Taibbi el mundo financiero es asimilable a la mafia y al narcotráfico, con gobernantes a su servicio. Vivimos en un paraíso para ladrones: en una cleptopía. Este es un lenguaje que se parece al de los profetas. Uno alucina cuando lee que el Banco Central Europeo presta dinero, nuestro dinero, al 1,5% a las entidades financieras, a los bancos, y con ese dinero, nuestro, compran deuda soberana de España, nuestra deuda, a cambio del 4,5,6,7 %, que nosotros tenemos que pagarles. ¿Este es el mundo de las finanzas o el mundo de la estafa? Por eso el título del artículo de Vicenç Moreno: El BCE, lobby de los bancos. Nuestro Banco Central Europeo instrumento de presión a favor de los bancos y en contra del pueblo europeo, de quien es el dinero que a él llega. Es lo mismo que nos dice Bibiana Medialdea: con nuestro dinero se está subvencionando la especulación de la que nosotros mismos somos sus víctimas.
Estos son los profetas de hoy. Son periodistas, profesores, intelectuales... Es un profetismo laico, que no vive bajo el techo de ninguna Iglesia, que no tiene motivaciones religiosas, pero que seguramente está enraizado en Dios, en el mismo Dios laico de Jesús de Nazaret, el Dios al que podemos encontrar sin entrar en ningún Templo. Y algunos otros, personas o grupos o movimientos que han sido marginados precisamente por considerarlos voces disonantes dentro de la Iglesia católica. Algún profeta hay, que vive en los niveles más humildes, cercanos al pueblo y a Jesús de Nazaret, que ayudan a ver y a discernir, que, conviviendo al lado de la gente, dan esperanza. Algunos, muy pocos, hasta tienen mitra.